Publicidad:
Terra
La Coctelera
3

No tan absurdo...

Chico: Un coche y un chófer cuestan demasiado. He vendido mi coche.

Groucho: ¡Qué tontería! En su lugar, yo hubiera vendido el chófer y me hubiera quedado con el coche.

Chico: No puede ser. Necesito el chofer para que me lleve al trabajo por la mañana.

Groucho: Pero, ¿cómo va a llevarle si no tiene coche?.

Chico: No necesita llevarme. No tengo trabajo.

3

Mojitos y cabrones

Esta mañana en la parada del autobús pensaba en escribir sobre la gente de Madrid, o mejor dicho, la gente que vive en Madrid. Aprovechando que estuve por Las Vistillas este fin de semana, ví mucho personal bebiendo mojitos, hablando, riendo, bailando... e incluso algunos con tradición popular en el bolsillo y sombreros de chulapo en la cabeza.

Y todo esto viene porque decía yo que vaya gente más agradable hay en Madrid, más abierta y cosmopolita, cercana y amigable, quizás diferente a la de otros lugares; pero en esto, al subir al autobús, un cabrón con campanillas me saca de mis pensamientos y nos grita que vaya personas sin sangre, que a ver si nos movemos y tal y cual.

Sería un caso aislado, un tipo con malos lunes, y por qué no decirlo, algunas duchas pendientes. Sin embargo, a los pocos minutos un mecaguendios me vuelve a la realidad, porque un ciclista sin miedo al miedo le grita a mi autobusero que no sabe conducir y tal y cual.

Quizás entonces sean cosas de los mojitos, que despiertan el lado agradable, o tal vez sea que cabrones hay en todas partes. Y encima es lunes.




2

Cerrado por derribo

Resulta estúpido titular a este post de la forma que lo hago, cuando uno intenta retomar el blog por donde lo dejé. Y por aquellos días hablaba de Puig Antich... mal empezamos.

Aunque pensándolo bien, el título, cargado de razón, puede ser una explicación de porque un año sin escribir, y porque volver a hacerlo. Siempre ayuda tener una cita de Borges, que te hiciera huir de tus opiniones porque de un segundo a otro ya pienses distinto, y te haya costado un año volver a cargar con ellas y sumar a la mochila alguna que otra más... quizás solo una.

Y han pasado muchas cosas desde entonces, o tal vez no haya ocurrido nada, y lo más trascendental haya sido que mi barriga ya no me deje ver los pies, o quizás no tanto. Seguimos... eso si.

3

Salvador y el otro muerto

Este fin de semana leí un artículo en El Pais sobre Salvador Puig Antich... o eso parecía cuando ví una foto de él en el centro de la página. Me interesé rápidamente por el tema, sobre todo desde que ví la película dirigida por Manuel Huerga, y estrenada en los cines hace unas semanas.

El artículo estaba firmado por Marcos Ordoñez, crítico de teatro del periódico, y por casualidades de la vida persona que conoció en vida a Salvador, y a "el otro muerto" (título del artículo). El otro muerto es Francisco Anguas Barragán, o el policía que murió cuando capturaron a Puig Antich.

No quiero desvelar mucho más porque al igual que la película, el artículo merece la pena. Nos habla de Salvador, si, pero sobre todo de aquel policia que cayó en el olvido desde el mismo momento en que falleció, porque para mucha gente es sabido que Puig Antich no era "un jodido rojo de mierda asesino de polis", pero quizás pocos saben que Paquito Anguas no era "un jodido poli de mierda al servicio del fascismo". Hay unas palabras de Marcos Ordoñez que reflejan muy bien el porqué se encasilló de esta forma a ambos personajes:

Suele decirse del franquismo que era una época gris. No. Era una época en maldito blanco y negro, sin matices posibles.

Quizás por eso algunos caigan en falsas interpretaciones sobre estos dos personajes que, de conocerse, podrían haber entablado una amistad, pero no, en aquella época no.

Películas como Salvador, o artículos como éste, nos cuentan algo sobre esa época de la historia de España que algunos no vivimos (... o sufrimos). Y durante un rato te hacen sentir mal, tan jodido o reprimido como pudo sentirse Salvador o Francisco, o aquellas personas que se vieron privadas en sus actos y en sus opiniones, que tuvieron que vivir ocultos de una forma u otra porque no podían mostrarse tal y como eran.

Hace poco leí que había gente que criticaba la película, no entendían el mérito de Salvador para que de él pudiera nacer una historia. Y bien, quizás el mérito de éste no se encuentre en su agonía, en como se enfrentó a una muerte cruel, tal vez se centre realmente en como se rebeló contra un sistema que no era justo, habló cuando era difícil hacerlo y llevó sus ideales al límite... y quién no vea esto es posible que siga viviendo aquella época en blanco y negro.

13

Un señor

En la Plaza del Museo Reina Sofia...

camino de vuelta a casa, una pelota rueda hacia mis pies. Alzo la vista y un niño se acerca a mí:

- Señor, ¿me devuelve la pelota?.
- Niño, ¿por qué me llamas señor?.
- ¿Por qué usted me llama niño?.
- Niñoo!!.
- Señoor!!.

Le devuelvo la pelota y sigo caminando. Llego a casa y busco un album de fotos, me siento y comienzo a pasar hojas. Hay una foto... un niño mira sonriente, con los ojos entreabiertos y el pelo revuelto. Ese niño se ha convertido en un señor. Supongo que ya hay una generación que me ve mayor. Me molesta, pero no volvería atrás, aún no.

86

Lunes, desayunos y quejas

Lunes por la mañana. Desayuno-reunión de trabajo: café con churros (o porras, según quién las coma), sandwich mixto y zumo de naranja. Todos los trabajadores se sitúan alrededor del comercial, jefe, gerente, socio, calvo, cabr... traemos de casa todas las quejas que tenemos o se nos ocurren, y queremos ser escuchados (... que no atendidos). El calvo comienza a hablar.

Han pasado veinte minutos, me siento más guapo, más alto, me han dicho que tecleo muy rápido y soy muy bueno en mi trabajo. Se me han olvidado mis quejas y casi acabo alabando el corte de pelo de mi jefe.

Veinte minutos más y se acaba el desayuno. Vuelvo al trabajo y escribo un post. Me empiezo a dar cuenta que no soy ni más alto, ni más guapo... sigue siendo lunes por la mañana y tengo las mismas quejas. Tecleo rápido.

77

Una vida en balde?

Carlos Chaouen dice en una canción que desear es no vivir el presente, y soñar es una vida en balde. Quizás sea cierto.

Enganchado a un sueño, o a algún deseo cuya meta se prolongue en el tiempo perdemos momentos que antes nos parecían agradables. Transcurren los días con la sensación de que éstos se prolongan más allá de lo estipulado. Y cuesta encontrar momentos que te permitan olvidar tus sueños, alejarte de ellos por unos instantes, e intentar vivir el presente con tanta fuerza como lo harías en el futuro. Es difícil.

Supongo que es incontrolable, vivir soñando o caminar con el deseo de avanzar más rápido es algo que no está en nuestra mano, e inconscientemente seguimos caminando sin mirar lo que nos rodea.

Ahora recuerdo unas palabras que decían que esos sueños o ilusiones del futuro deben hacernos más felices en el presente... nos dibujarán una sonrisa en la cara, y nuestros ojos únicamente mirarán lo bueno de las cosas... con los ojos semiabiertos.

2

Echar a correr

Tenía un amigo en el instituto que siempre corría. Nunca se enfrentaba a los problemas porque echaba a correr intentando esquivar cualquier cosa que le comprometiera. Recuerdo que me decía que era tan importante saber esquivar los problemas como enfrentarse a ellos. Yo, y mis diecisiete años le mirábamos burlones aunque sus palabras me hacían pensar si quizás esquivar un problema no sería también una buena forma de afrontarlo.

Me consta por terceros que esta persona se llevó algunos palos en el camino, de esos que te obligan a levantarte y empezar de nuevo. Nuestra amistad se apagó, supongo que en parte por la forma tan peculiar que teníamos de afrontar nuestros problemas.

Ya han pasado años desde entonces, y siempre me acuerdo de esas palabras. Pienso en ellas cada vez que tengo un problema, me animo a intentar afrontar las cosas tal y como vienen, sin esquivarlas, e intentándolo de nuevo si las cosas no van bien. A veces funciona, otras me desdoblo y me repito al oído lo mucho que me gusta correr.