Titulo de una película de Verónica Forqué, española y malísima por cierto. Y no es que las mujeres se estén riendo todo el rato, puede incluso que lo hagamos nosotros más que ellas, pero ultimamente tengo esa sensación que me hace pensar que están un punto por encima. Decir ante todo que escribo este post desde la ignorancia e inexperiencia que me han dado los años, valga la incongruencia.

Si en algunos momentos pudiera saber que piensan, si no cayera en divagaciones intentando comprenderlas, quizás las cosas serían más fáciles, profesionalmente y en otros ambitos, es decir, desde trabajar junto a una mujer, a intentar entablar una conversación con ella un sábado por la noche. Y es que creo que nos guste o no la palabra 'simple' es un adjetivo que está mucho más asociado al hombre que a la mujer.

Sea por lo que sea y quiero que quede claro que no hablo únicamente del tema amoroso-sexual-sentimental, nos perdemos en el camino, bien porque unas veces seamos demasiado directos a la vez que simples, o bien porque nos enredamos en nuestra ineficacia, no perdiendo por supuesto ese grado de simpleza.

Pero puedo estar equivocado, quizás el problema sea yo... y mis circunstancias. En la película 'El hombre sin rostro', de Mel Gibson, el niño protagonista cuenta que su vida se complicó desde el momento en que tuvo que convivir, al menos toda su infancia, rodeado de mujeres, léase madre y hermana. Y mi caso es idéntico. Acaso eso provoca que todos los que cumplamos estos requisitos estamos condenados al fracaso en nuestras relaciones (de todo tipo) con el sexo opuesto. Me niego a creerlo... y empiezo a aceptarlo.