Sobre la realidad... o cuando las apariencias engañan
Sábado noche. Discoteca. Hora golfa con amigo golfo que se acerca a tres solitarias. En este caso Milton sirve (como en otras muchas ocasiones) de amigo tímido e inocente, objeto de bromas y por supuesto para aumentar los puntos en juego de mi amigo golfo.
Comienza la partida, mi compañero se dedica a dos de ellas, y yo quedo hablando con la otra. Resulta simpática, hablamos de la ley anti-tabaco, del frío, del Estatut... ya se sabe.
Me incomodo porque ella está incomoda. Su mirada va a parar a mi compañero golfo y sus amigas. Mi amigo son dos manos, y un cuerpo si, pero fundamentalmente dos manos. Verguenza ajena.
Parece que mi compañía se sincera... no tiene 26 años, son 37 los que calza. Intento no sorprenderme, fundamentalmente porque no los aparenta. Sigue la noche de confesiones, me indica que está incomoda porque sus dos amigas no son sino sus hijas. Vuelvo a sorprenderme, irremediablemente pienso en mi madre.
Hago un inciso en la conversación y me dirijo a mi amigo golfo, le indico que lo deje pero se resiste. Finalmente le hago saber que sus manos están tocando las cinturas de unas hijas cuya madre está a tres metros. Huimos.


detalles dijo
¡Qué historia! Esto os puede servir para contarlo durante años... De todas formas, si vuestra misión era ligar...
6 Diciembre 2005 | 06:21 PM