Los viajes eternos en tren o autobús quedan destinados para las personas que, como yo, sufren tonting. Y puede sonar a post publicitario pero es una gran verdad... dícese de la incapacidad que uno sufre a la hora de encontrar un vuelo económico para realizar un viaje... lo busqué en la wikipedia pero aún es pronto.

Y si la persona que sufre tontnig es también indecisa hasta límites insospechados, no queda más remedio que utilizar el viaje en autobús, donde no es tan díficil conseguir un billete a última hora cuando parece que ya se han superado esas indecisiones.

Ayer yo, dejando atrás mi tonting y mis indecisiones, hice un viaje en autobús de esos de 10 horas sin levantarte, viendo telefilmes, y probando mi paciencia, a ver qué tal. Viajaban conmigo tres mexicanos que no paraban de cantar canciones de Magneto, un tipo de Minglanilla que se enfadó cuando el conductor no le dejó subir con 15 latas (15) de cerveza, y a mi lado, una americana que comía pipas sin pelarlas. Es lo que tienen estos viajes.

Me quedo con ganas de decir que estamos en Semana Santa, fundamentalmente época de vacaciones y torrijas. Malos días para ver la tele en casa, con bombardeo continuo de películas sobre Cristo, Barrabás y reestrenos de Ben-Hur, si alguien no la ha visto tiene otra oportunidad, yo, como cada año, me sigo quedando con las torrijas.