El martes me quedé lisiado. No sé que paso pero cuando me quise dar cuenta no podía andar, tuve que rodar hasta la cama, y me tumbé como pude. La estampa era lamentable, y tuve una crisis al pensar que si siendo tan joven me encontraba en ese estado tan patético qué pasaría cuando envejeciera. Mal futuro me espera, aunque a base de ibuprofenos hoy viernes puedo moverme, y eso ya es un paso.

Una de las trabajadoras de mi empresa es una estupenda cotilla. Intenta controlar a todo el mundo, y mete los ojos en el monitor del vecino cuando le viene en gana. Ahora estoy en el trabajo, pero escribo este post porque ya se ha ido, de lo contrario ya habría descubierto la opinión que tengo de ella. No es cobardía, pero es una cuarentona-histérica-pedante-comebombones, adicta a la Coca-Cola y cotilla, aunque eso ya lo había dicho.

Las semanas con mucho trabajo sirven para reafirmar mi opinión sobre mi jefe, ese calvo-reprimido cuya máxima en la vida es joder al prójimo, o eso o exprimirle al máximo. Entonces sus trabajadores empiezan a pisarse unos a otros para intentar salvar la cabeza. No hay sentimientos, el que gana en experiencia tiene el culo pelado, y no siente ni padece. Así es la empresa privada.

Soy de los que piensan que cuando las cosas van mal, es muy posible que vayan aún peor, pero en este caso el puente de Mayo es la excepción que confirma la regla. Hay una tregua hasta el miércoles, y aquí queda este post para no olvidar la semana... vaya semana!!.