Esta mañana iba en el autobús sentado al lado de Luis Tosar, inconfundible con esa precariedad capilar tan característica. Me he quedado mirándole fijamente durante un rato para comprobar si era él. Dudaba entre decirle el típico "ostiastiotueresluistosar", o arriesgarme un poco y dármelas de entendidillo "coñoluistutantempranoenel27vayapapelazoentedoymisojos". Sin embargo, he desistido en la idea de decirle nada, y sobre todo de seguir mirándole, debido a la cara de enfado que estaba poniendo. ¿A quién le gusta que le miren la calva un martes a las ocho y media de la mañana?. A Tosar no.

De todas maneras el calor y la contaminación deben generar una atmósfera de mala leche alrededor de Madrid, algo así como la capa de mocos de Cazafantasmas 2. Hoy mismo, un tipo visiblemente afectado por los años se ha dedicado a insultar a otro sin motivo alguno. Imaginaos que una voz terriblemente desagradable os llega desde atrás... "hijodeputahijodeputahijode". Sin duda un pepitogrilloconcuernos, y a las ocho y media de la mañana.

Una última reflexión... empiezo a creer que hay personas que piensan que en un autobús repleto de gente determinados pasajer@s buscan el roce. ¿Será que el olor corporal de algunos sirve de afrodisiaco?, ¿tal vez no haya donde colocarse?. Malpensados algunos, de lo contrario como se explica que el otro día en el metro un tipo (también afectado por los años) llamara zorrabuscona a una chica que se pegaba a su hombro. Definitivamente el transporte público excita.