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Terra
La Coctelera

Prefiero el silencio

Antes no soportaba el silencio, sentía siempre la necesidad de llenar con palabras los vacíos que muchas veces se creaban.

Contigo he descubierto que a veces callar es la mejor manera de expresar lo que uno siente. Ahora yo no consigo encontrar las palabras que describan este momento, por eso guardo silencio.

A veces cuando estoy solo se me ocurren mil maneras de contarte esto, cantaría versos de Silvio para recordarte cada día como te imagino al levantarme, y las razones que tengo para soñarte siempre sonriendo. Sin embargo prefiero el silencio, ahora es demasiado bonito para ocultarlo con palabras.

No puedo dejarte de ver arañando el silencio con tus ojos,
tratando de decir algo que las palabras nunca hubieran dicho mejor.

Aquella mirada era el resumen de la noche posada en tus ojos,
con su lluvia, su viento y tu miedo al mar, y aquel sueño que te conté.

No puedo dejarte de ver describiendo una estrella descubierta
por mí, en tu erótica constelación que no cabe en los mapas del cielo.

Tu mano dibujando en el aire, era capaz de ponerle color al espacio
vacío que se llenaba con la luz de la estrella brillante.

Silvio Rodriguez (extraído de "Judith")

Atentamente

Querida compañera,

esta es la única forma que he encontrado de decirte sutílmente lo mucho que me molesta que leas lo que escribo en mi ordenador, con mi teclado, y visualizado en mi monitor.

Ser compañeros de trabajo no significa que lo compartamos todo, realmente no tengo ninguna intención de compartir nada contigo, y el hecho de que día trás día vigiles lo que hago, e intentes leer mis emails, me produce una sensación de rechazo hacía tí que parece no captas.

Como imagino que aún nos quedan muchos días de trabajo juntos, o al menos cerca el uno del otro, te animo a llevar una relación cordial, de "hola y adiós", y "qué tal el trabajo", sin profundizar en la vida del otro, porque no son necesarias tantas palabras, porque me interesa más bien poco si saliste el sábado por la noche, y entiendo y deseo que debe ser algo recíproco.

Agradeciéndote de antemano lo comprensiva que has sido al leer estas líneas (desde mi monitor), se despide atentamente.

Tu compañero.

P.D. Nos vemos el lunes :)

Sueños

Los sueños no duran eternamente, quizás, con suerte, puedan ser muy cercanos, acercarse a la realidad de cada uno, y vivirlos en el presente.

Otros se siguen soñando en el futuro, se vive pensando en hacerlos realidad y casi nunca se cumplen. O aquellos que te hacen despertar repentinamente, y cuando lo haces, descubres que nada era cierto, todo lo que imaginaste en tus sueños era solo una imagen que en nada coincide con la real.

Me gustan los del futuro, aquellos que nunca se cumplen, pero tampoco te decepcionan. Mantienes la posibilidad de que sean ciertos, que un día seas tu el protagonista del sueño, el que sufre para conseguir algo y lo consigue, o el que llora de alegría y es feliz. Es dificil. Sin embargo nunca despiertas pensando que todo es mentira. Se mantiene un brillo en tus ojos, una visión optimista que te hace pensar que ese sueño es posible... mejor que siga siendo un sueño.

La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante. Paulo Coelho.

Desnuda y con sombrilla

Cada vez que escucho esta canción me dan ganas de quitarme la ropa y decirte que te quiero, no se en qué orden y contexto, pero estoy seguro de hacer ambas cosas... y ya lo dice la canción discreto pero sin rubor.

Supongo que ya lo sabes, que si te siento cerca, y suena el estribillo de esta canción, entonces quizás deje de oirte y cante bajito la letra, cierre los ojos y te imagine desnuda y con sombrilla, o sin ella, pero sonriendo, porque tu siempre sonríes.

Y rompo un poco el post, pero no puedo ocultar que cumpliré uno de mis pequeños sueños, que un 18 yo escucharé esta canción de don Silvio, bueno quizás escuche otras, pero cuando suene la música cerraré los ojos y te imaginaré sonriendo, porque tu siempre sonríes.

Tú sentada en una silla
yo de pie con expresión de lord
tu desnuda y con sombrilla
yo vestido pero con calor.

Tú con uñas y con dientes
mirándome de frente
con brillo de matar. Yo retrocediendo un poco
llenándome de un loco
deseo de sangrar.

Tú besando tus rodillas
yo discreto pero sin rubor
tú creando maravillas
yo soñándome esquimal sin sol.

Tú con un ritmo tan lento
buscando un alimento
frotado con alcohol.
Yo de pronto ensimismado
mirándote alelado
colmada de licor.

Tú ardiente y sin capilla
yo quitándome el sombrero alón
tú dispuesta la vajilla
yo al filo de mi pantalón.

Yo a punto del delirio
extraigo un solo cirio
que poso ante tu flor.
Tú susurrando un misterio
de un no sé qué venéreo
me das un protector.

Saltar

Supongo que los indecisos tenemos estas cosas, que nos da miedo saltar porque pensamos más en la caida, que en lo mucho que avanzaremos con nuestro salto.

Porque piensas que si realmente ya has caminado una distancia considerable para que arriesgarse y saltar con la intención de llegar más lejos, si quizás sea posible llegar al mismo punto con algo más de paciencia.

Ahora a mi me falta paciencia, y creía que era indeciso, pero puede que no lo sea tanto. Tal vez me atreva a saltar y llegar lejos, porque ese punto que ahora se ve lejano realmente merece la pena. Y claro, si esa meta se repite en tus sueños... por qué no intentarlo?.

Posts que no cambian

Siempre escribía posts para mí, para leerlos pasado un tiempo y comprobar lo equivocado que estaba cuando escribía algunas cosas. Para confirmar que realmente era enemigo de mis opiniones. Me gustaba.

Ahora, si escribiera, y ya no lo suelo hacer, confirmaría al releerlas, cada una de las frases que salen de mi cabeza. Y me cuesta, no porque me asuste comprobar que las ideas maduran en la cabeza y varían poco, sino porque siento vertigo de este momento, y se me bloquean los dedos cuando me pongo delante del ordenador e intento explicar lo qué pasa.

Entonces miro las cosas con los ojos semiabiertos, y alguien me dice que observar todo de esta forma puede camuflar realidades. Quizás sea cierto, pero me conciencio para no abrir mucho los ojos. Otras veces lo hice y las cosas fueron mucho peores. Me gusta lo que veo.

Con los ojos semiabiertos

Hay períodos de tiempo en los que uno vive feliz. Los días van avanzando y todo lo que se escribe se cumple, y viceversa.

Entonces el calor no importa tanto, y el trabajo de oficina te acaba gustando porque realmente haces lo que quieres. Y te levantas por la mañana, y en el espejo aparece un tipo sonriente, que canta con Tontxu, se viste rápido y sale a coger el autobús. Y allí dentro del 27 no cabe nadie más, pero respiras, y te alegras de ello, y sonríes pensando que empieza un nuevo día, que las cosas cambian pero no estás peor que antes, y eso es importante.

Descubres que dentro de tí vive un tipo optimista, que mira las cosas con los ojos semiabiertos para no encontrar muchos defectos, que agradece en silencio lo que tiene y a quién tiene, y se arrepiente solo de no volver a intentarlo.

Y relees posts anteriores sin saber que querían decir, pensando que ha habido un cambio, porque ahora las cosas ya no son tan malas, o quizás los ojos de quién las mira ya no estén tan abiertos.

Cuento de amor escrito muy despacio

El viejo Harrelson tenía noventa años cuando se casó por séptima vez. Su mujer, setenta años más joven que él, vestía un bonito camisón con ribetes bordados en las mangas. La razón de su atuendo no era otra que la imposibilidad de Harrelson para desplazarse 5 metros más allá de su cama, y siempre en posición horizontal.

Laura Mardish, su esposa enamorada, de aspecto frágil y mirada dulce, lo conquistó una calurosa tarde, siete días atrás. El viejo Harrelson había cogido el teléfono para llamar al Servicio de Información Meteorológica y pedir una pizza; al oir la dulce voz aterciopelada de la señorita Mardish, Harrelson se enamoró al instante y le pidió matrimonio.

Las razones que explican la unión de esta pareja son variadas y sujetas a diversas interpretaciones. Johnny Bell, un joven cuarentón, sobrino de Harrelson, y único heredero del viejo, supone que éste fue víctima de un engaño, debido quizás a la sordera crónica que sufría y que le imposibilitaba mantener una conversación telefónica, al menos con el Servicio de Información Meteorológica. Dorothee Wildberg, madre de la señorita Mardish, ve en la unión de su hija, una fuerza poderosa traducida en amor, atracción, deseo, o la urgencia de Laura para pagar los 9 meses de alquiler atrasados.

La ceremonía se celebró en la más estricta intimidad, dentro de la habitación del viejo Harrelson, con los dos enamorados tumbados en su cama. El reverendo Trotski ofició la ceremonia bajo la luz de una vela, por expreso deseo de la tímida señorita Mardish, ya que ésta no quería ver con claridad el rostro de su futuro marido. En los instantes finales, cuando la unión de los dos enamorados era casi un hecho, se produjo un suceso lamentable: la señorita Mardish, preocupada por los ostensibles bostezos que su futuro marido repetía continuamente, y pensando que, posiblemente, el sueño del viejo Harrelson se llevará a éste e impidiera continuar con la ceremonía, utilizó todos sus encantos, que a decir verdad, y pese a su juventud, no eran muchos, y posó su mano en la pantorrilla del viejo. Oculta trás la sabana, realizó suaves caricias sobre el cuerpo de su prometido. Sin embargo, de forma inesperada, el viejo emitió un sonido ahogado y dibujó una gran sonrisa en su cara, solo comparable a la de aquella vez en la que Olivia Stawner, su tercera mujer, le masajeó los dedos de los pies mientras entonaba el "Over the Rainbow".

El viejo Harrelson murió de la forma más dulce, arropado por su amada, y gracias a un infarto agudo que se lo llevó a la edad de noventa años. La noticia corrió como la polvora, el viejo Harrelson era un hombre rico conocido entre los círculos más altos por no hablarse con nadie. Johhny Bell, único heredero del viejo, adquirió una gran fortuna y de la forma más inesperada también encontró el amor. En el entierro del viejo, celebrado en la más estricta intimidad, y oficiado por el reverendo Trotski, el señor Bell fue consolado por una joven dama, de aspecto frágil y mirada dulce, veinte años más joven que él. Siete días después, ambos se casaban en una ceremonia sencilla, cuya rapidez solo se explica mediante fuerzas poderosas traducidas en amor, atracción, deseo o...